jueves, 4 de diciembre de 2014

De conversaciones inexistentes II




¿Que qué serás dices?

¿Cuando estemos cansados de follarnos?

¿Cuando no puedas con mis anhelos románticos?

¿Cuando me puedan los celos 
y tenga que irme lejos, muy lejos, muy lejos?

¿Cuando todo se termine entre nosotros
dices?


Un puñao de poemas,
igual que el resto.






3/4 noviembre 2014
no se puede escribir tan de madrugá...



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Quien escupe al cielo




Y así ando, como siempre, despistada,
confundiendo besos con suspiros,
suspirando por cada bocao de nada.

Así ando, como dando trompicones,
sin zapatos, notando piedras ralas.

Así rompo las ternillas de mi dedos,
escupiendo hacia arriba con encanto.
Así paseo, aireando mis deseos,
sin pensar si llueven desengaños.

Qué más da si la vida me da tumbos.
Aunque tenga la lección bien aprendida
yo sonrío ante nuevas cicatrices.

Nadie camina sin hacerse heridas.






5 octubre 2014





Identidad




No te olvides nunca, nunca
de quién eres.

No se te ocurra bajar nunca
tu mirada.

No te olvides, que si olvidas 
te pierdes.

Y si te pierdes, niña,
no eres nada.




11 oct 2014

martes, 30 de septiembre de 2014

De camino a tus manos




"Dialog" – Rudolf Bonvie, 13 Fotografien, 1973



Perdona, no podía resistirme,
tenía que tocar tu mano. 
Querría besarla, pero me ando con cuidado.


Tus manos.
El hueco donde el pulgar encuentra la muñeca.
Suspirar en cada curva de tu piel,
esa es mi meta.


Recorrer con la yema de mis dedos
las venas del dorso de tus manos morenas.
Un susurro y un mordisco en tu cuello,
que te estremezca desde el centro de la tierra.


Que te vuelva loco por tenerme.


Por querer quererme el resto de tus días,
mimarme y hacerme reír todo el ratito
que el tiempo nos deje jugar a la vida.
Que mi corazón se olvide de lo que es el llanto
y a mi mañana acuda siempre una sonrisa.


Y es que hace mucho que no siento
bajo la mesa las piernas inquietas,
mover mi pie y tocar el tuyo...
me resisto a hacer ninguna treta.


Tiemblo al roce de tu piel como una niña,
y tú aún dices que te pongo nervioso...
yo no sé qué hacer para que entiendas
que igual que las gotas desbordan un vaso,
así reclama ahora mi cuerpo tu presencia.


Perdón, necesitaba tocar tu mano,
que me toque y que sepa que soy tuya.




19 mayo 2014

miércoles, 3 de julio de 2013

... puedes

"La danza del árbol seco" - visto en Ojo Digital, autor y usuario "Goliat"




Esa muesca de la pizarra
que con la uña desprendes.
Un Diente de León en polen
que soplas y vuela al viento.
Como se le caen a un niño los dientes
se desprenden los jirones de mi anhelo.

De la pared y la pintura abierta
se desprende el color de un beso.
Como la corteza de un árbol muerto
que se separa con un sólo gesto.

De las estrellas al Lucero Vespertino,
que promete las dichas y tesoros.
De las teclas, confidentes del destino.
De las cuerdas, vibración del desahogo.

Así caen mis lamentos distendidos,
así vuelan entre nubes sueños rotos.

Cura, cuando el daño puede verse.
Cura, cuando es algo distinguido.
Cuando no te arañan las heridas de la mente,
cuando no tomas pócimas de olvido.

Tú querías ponerlo a buen recaudo,
consolar como se consuela en los consuelos.
Yo por mucho que retenga bien las partes
se resbala, roto, entre mis dedos.


Puedes, con un dedo, laminarme.
Puedes, son soplar, lanzarme al vuelo.
Que por mucho que yo cambie en las apuestas
pierdo siempre en este juego y corro un velo.




2 - julio - 2013




Vértigo




Me he subido a un columpio
que está muy alto,
ahora tengo miedo de bajar
de dar un salto.

No puedo controlar mi cuerpo,
que está ya harto
de caminar entre sueños y colinas
para caer al asfalto.

Me he subido como loca aun trampolín,
que está muy alto,
para disfrutar, creer y sonreír
y me he lanzado.

¿Cómo puedo dar lo mejor de mi
si tengo el corazón desentrenado?
¿Cómo dejar que pase sobre mí
si no se da por enterado?



20 - junio - 2013

martes, 12 de marzo de 2013

¿Hay algo que pueda hacer...?



_ ¿Hay algo que pueda hacer por ti?_ Me preguntó una voz tímidamente. 


Era una chica joven, podría haber reaccionado de otra forma pero la miré sorprendido porque no pensaba que aquel día nadie se parase a hablar conmigo. Estaba muy acostumbrado a limitarme a observar a la gente, en mi silencio, y no sabía reaccionar.


_ Perdone… ¿Puedo hacer algo por usted?_  Repitió esta vez con un toque de impaciencia pero con respeto. Llevaba una falda verde, suelta, a la altura de las rodillas. Unas sandalias de cuero atadas a unas pantorrillas flacas, un bolso grande a la cintura.


Estaba sonriendo imperceptiblemente, como si pensase que su sonrisa me ofendería. Y era un amanecer. Dudé si estaba o no hablando conmigo. Debía ser muy joven, veinte años tal vez, pero la abundante melena caoba y una extraña luz en los ojos, le daba más edad.

Por aquel entonces yo tenía casi ¿treintaiocho años? Podríamos habernos encontrado en otras circunstancias, en otra situación; en un café, en una discoteca, una biblioteca silenciosa, e incluso podríamos habernos enamorado. ¿Por qué no? Seguro, en otra situación completamente distinta.

Ella me llamaba de usted, tan viejo parecía.


_ Lamento haberle molestado_ dijo con una sonrisa perdida mientras se giraba.

_ No…_ rasgué mi voz, cansado de ser yo el único que la escuchaba, y se giró de nuevo.

_ ¿No le he molestado o no necesita nada?_ Preguntó con una sonrisa espontánea.


Debería tener menos, tal vez dieciocho o diecinueve.


_ No…_ repetí sonriendo, olvidándome del aspecto horrible que tendrían mis dientes, pensando devolverle la sonrisa_ no tienes por que llamarme de usted.

_ ¿Por qué tiene… perdón_  sonrió ampliamente, y era un mediodía_  ¿Por qué tienes una flauta tan bonita y no la tocas?


Y su pregunta realmente me sorprendió


_ Creo que nadie tiene tiempo para escucharla.


Ella sonrió de nuevo, vi en sus ojos una extraña comprensión, Una conexión en su vida y en la mía. Tal vez tuviese más, veintiuno o veintidós.


_ Si le doy dinero ¿En qué lo gastaría?


Para qué mentirla.


_ Seguramente compre un poco de hachís, una botella de ron, un paquete de tabaco o unos cigarrillos… depende ¿Cuánto me darías?


Sonrió de nuevo, pero desilusionada, un atardecer.


_ He decidido que no voy a darte dinero._ Y aún así no perdía esa extraña tranquilidad al hablar conmigo.

_ ¿Y un nombre?_ ¿Qué estaba pretendiendo? De nuevo sonreía estúpidamente a un sol que estaba apagando con mis propias palabras.


_ Tampoco voy a darte un nombre,_  no perdía la sonrisa_  tu madre ya te dio uno al nacer.

_ Entonces, ¿por qué pierdes el tiempo conmigo?


Dejó de sonreír, y era una noche profunda e indefinida en sus ojos oscuros. Su rostro se tornó serio, lleno de años acumulados.


_ ¿Por qué estás sólo?


Y era un puñal clavado en mis entrañas. Era una pregunta, una respuesta y una afirmación. Su dulzura y sinceridad comenzaron a incomodarme, no quería que se plantase delante mía a decirme verdades, a darme el sol y la noche sin yo pedírselo.

Estiré mi espalda contra la pared, rasqué con mis sucias uñas una de mis pantorrillas, delgadas, resecas y maltrechas. El calcetín ya no tenía colores, el zapato ya no tenía brillo… ni cordones.


_¿Y te detienes ante todos los tirados de la calle, a confirmarles lo solos que están?_  Ella se sintió ofendida, o dolida, pero era lo que yo quería.

_ No…- dijo dudando. Tal vez diecisiete.

_¿Entonces…?_ Dije incorporándome de medio lado, parodiando estar borracho o drogado. Quería intimidarla, asustarla. Quería que se fuese y se llevase su sol y su noche.

_Tú estás sólo, tu flauta está sola… y yo también.


No sonreía, me daba toda su noche en la profundidad de sus ojos. No se enfrentaba a un vagabundo borracho y desaliñado. No me mentía. Estaba sola. 


_ Solo quiero saber que puedo hacer por ti.


“Puedes darme tu luz eternamente”


_ Dame algo de dinero.

_ No lo haré… ven conmigo y te invito a comer.

_ No lo dices en serio_ y el sol se abrió paso de nuevo en la noche._ ¿Sabes lo que estás haciendo?

_ Si. Quiero que vengas conmigo, te invito a comer.


Tal vez veintiséis o veintisiete…





Escritos de Dublín, enero y marzo del 2000